domingo, 20 de enero de 2008

EL INFIERNO DE LOS ANGELES DEL HIMALAYA


En su momento de inocencia fueron vendidas, sin su consentimiento en los burdeles de la India. Han sido rescatadas, pero con el estigma del Sida, y nadie las quiere. En Octubre del 98 me encontré con ellas, y desde entonces no he dejado de colaborar y trabajar para ayudarlas a vivir un mundo mejor . Poco a poco iré incluyendo historias y experiencias que he vivido desde entonces. Son bonitas o tiernas. Tristes y dolorosas, pero al fin y al cabo historias llenas de humanidad.De esta foto, tomada a principios de Noviembre de 1998, la gran mayoría de ellas han desaparecido, vaya mi homenaje a todas las ausentes y que la lectura de estas historias por parte de vosotros/as las hagan sentirse vivas y queridas donde quiera que estén.

LOS PRIMEROS DÍAS

Después de muchos años de andanzas, aventuras y desventuras por Nepal me iba dando cuenta de la vida real en este maravilloso país. Mucha belleza en sus montañas, pero mucha miseria con sus habitantes. Poco a poco me fui introduciendo en sus dolores y sus desventuras.

Algunos años los pasé, en un centro de la Madre Teresa de Calcuta en Pashupati, ayudando a los ancianos desamparados a lavarse, a darles de comer, a vestirles y en muchos momento ayudarles a morir.

He vivido situaciones que rompen esquemas : Uno de los ancianos no controlaba los esfínteres, y que mejor sitio que durmiera en un camastro en el water o curar heridas de un paralítico que pasaba horas y horas bañado en el orín ( 12 horas +/- ) hasta que le lavaba y le curaba... hasta que me planté y exigí que se le pusiera una sonda. La sonda la tuve que ir a comprar yo, y las monjitas no querían ponérsela ya que se trataba del órgano sexual masculino y las producía repelús.

Se lo puse.

En pocos días, se le empezaron a hinchar las piernas y una mañana cuando llegué a cumplir con mi labor diaría , me le encontré con una manta que le cubría todo el cuerpo. Había fallecido. Sus pertenencias no llenaban un puño.

A las pocas horas, se incineró su cuerpo a no menos de 50 mtrs , a las orillas del Bagmati, rio sagrado, y el humo de su incineración impregnó toda la zona.

Interminables experiencias, que no entrarían en este formato, pero que se me han quedado en la memoria.

Días antes de dejar Nepal, me enteré de una historia que me dejó helado. No entendía nada. Después de tanto tiempo viajando a este maravilloso país me dí cuenta que había estado ciego. Era la ceguera del amor.

Me contaron que allí cerquita, una señora acogía a niñas enfermas de Sida que lo habían contraído en los burdeles de la India, después de haber sido vendidas a la prostitución. Pero cuantos años tenían? Entre 12 y 16.... Cómo?... Qué es esto que me estáis contando....

Me quedaban pocas horas de estar en Nepal y había que volver a casa.
Durante todo un año estuve recabando información sobre estos sucesos tan tremendos que nunca me pude imaginar.

De vuelta en Katmandú, un año más tarde … ( 1998 )

Había que poner manos a la obra, y sin perder mucho el tiempo me dirigí a unos de los barrios pobres de Katmandú, a orillas del sagrado río Bagmati y no muy lejos de Pashupati. Allí busqué y busqué hasta que di con Maiti Nepal. Pedí encontrarme con su directora Anuradha Koirala. Una menuda mujer que decidió enfrentarse a una situación dura y complicada : luchar contra la prostitución infantil.
Hacía muy poco que habían comenzado esa cruzada. Le pregunté que podía hacer y me dio a elegir entre trabajar con niños o con las chicas mayores que recientemente abían sido rescatadas de la prostitución en India. Un alto prcentaje de ellas era portadora del VIH. Sin pensarlo dos veces me decidí por las mayores.
Era un reto importante. Eran las más difíciles. Su futuro era incierto y el Sida llamaba a sus puertas.
Desde el primer momento en que me encontré con ellas, me quede prendado de sus miradas y hasta ahora, que ya han pasado 9 años.
Me enteré que en Nepal, entre 5000 y 7000 mujeres y niñas desaparecen en Nepal siendo víctimas del engaño, con falsas promesas de trabajo para ser vendidas en los burdeles de la Indía. Han de pasar al menos 5 años, hasta que paguen lo que la “madam” pago por ellas. Por sus cuerpos llegan a pasar entre 40 y 50 hombres por día.
En un porcentaje alto, contraen enfermedades de transmisión sexual como la sífilis, la gonorrea y en los últimos años el VIH. Ni que decir tiene que a partir de este momento su vida se nublará para siempre, ya que no serán aceptadas entre sus familias ni en sus pueblos de origen.
En Maiti Nepal, parece que encuentran un refugio.
Para poder romper el hielo, se me ocurrió enseñarles a hacer magia. La barrera del idioma se rompió, y desde ese instante me dejaron entrar en sus corazones.
Todo tipo de experiencias dolorosas. A cual peor.
Todos los días, cuando las dejaba y yo me retiraba a mi hotelito, me iba caminando, casi una hora y la utilizaba para reflexionar e interiorizar tanto dolor.

Había grandes y pequeñas. Mujeres hechas y derechas, jóvenes, adolescentes, niños/as y bebés. Entre tantas había una niña, que no levantaba más de tres palmos del suelo. Ojos grandes, rechonchita, pelo negro, juguetona y con una sonrisa permanente, que siempre me buscaba para acercarse a mí y agarrarse a mi pierna. Apshara ( pequeño ángel ) me habría de marcar para el resto de mi vida.

Pasaba los días y siempre ocurrían cosas en Maiti. Los días llegaban a ser estresantes. Muchas cosas que hacer. Recuerdo que poco antes de volver a Madrid, me enteré que estaban a punto de interceptar un autobús, donde viajaban 23 niñas. Las habían engañado. Las sacaban del país, para después volar desde India hasta el Golfo Pérsico y allí hacer labores de esclavas.
En el patio de la escuela de Maiti Nepal me encontré con ellas así como con los secuestradores. Una imagen inolvidable. Las pertenencias de las niñas se limitaban a unos pequeños álbumes de fotos de su familia y sobres en blanco para poder mantener correspondencia. No tenían ni idea del infierno a donde se dirigían.

UNA NIÑA CIEGA FABRICANTE DE LUZ


Una de las niñas, Shanti, de 16 años, deficiente mental y ciega, se encontraba en Maiti Nepal, porque cuando solo contaba con 13 años, cuatro energúmenos de su pueblo la violaron. Ha comenzado a aprender braille, y con mucha paciencia por parte de otra de las niñas, está aprendiendo a fabricar velas de cera. Hace casi 100 unidades al día, según ella para el festival de luz del año próximo. Una luz que nunca podrá ver. ¡Una niña ciega fabricante de luz!..

Son niñas que han sufrido lo indecible. Solo ellas lo saben. Tanto sufrimiento mientras han estado encerradas en un agujero infecto, soportando vejaciones y dolores inimaginables. He observado sus ojos, he contemplado sus sonrisas, e intentado ponerme en su lugar. Imposible, siempre me han superado.

Había que volver a casa. La despedida fue dura pero sabía que tendría que volver. Me lleve mucho material en mi cabeza, que nada más llegar a Madrid me puse a ordenar. Al poco tiempo tenía un artículo escrito, sobre mi experiencia. Lo presentamos a Manos Unidas y me dieron el primer premio en prensa nacional, por un importe de 300.000 pesetas.

ALGO HABÍA QUE HACER



Después de un año duro de trabajo, intentando hacer saber al mundo la situación que se vive en Nepal, a pesar de múltiples intentos con los medios de comunicación de prestigio en este país ( España ), me marché a trabajar en directo con las niñas y con dinero, producto del premio que me concedió Manos Unidas.
Para los próximos dos meses tenía entre manos un intensísimo programa.
En una fría mañana de Octubre, tres niñas una enfermera y yo nos pusimos en marcha. Nos íbamos a Kakarvita, una población del sureste del Nepal, frontera con India. Y para que...?

La estación de autobuses de Katmandú era un hervidero de gentes y ruido, vendedores de chicles, caramelos, bananas, pastillas para el mareo, cocos... daban colorido y vida y típicos bocinazos de los autobuses: la banda sonora . Los nepaleses hacen hablar a los camiones, coches, autobuses, bicicletas haciendo sonar insistentemente las bocinas .
A medida que pasa el día, la temperatura va aumentando y por fin son las tres de la tarde cuando nos ponemos en marcha.
Va a ser un larguísimo viaje, más de 15 horas, para solo hacer 200 Kms. Las carreteras son estrechas y con un firme inseguro. Las paradas a lo largo del recorrido son incontables. No llego a dormir mucho, ya que hace bastante fresquito. El viento se mete por todas las rendijas de la puerta y ventanas desvencijadas.
Me adormilé pensando en Apshara. Se había quedado en el cole, y desde la ventana de la calle me despedí de ella soltándola un beso al aire
Caigo al final de la madrugada, y la primera imagen que tengo es un amanecer sobre un inmensa plantación de té, mientras el autobús lentamente se acerca al destino final.

Después de bajar todo el equipaje y material que allí transportábamos ( mantas, una botella de oxigeno, ropa, etc ) nos vamos a una Transit Home. Aquí me llevo la primera sorpresa : hay mas de 20 niñas que habían sido rescatadas recientemente de la prostitución en India. Hay mucha actividad, a pesar de lo temprano del día.
Ciertamente esa es la característica del país. Según sale el sol, todo el mundo se pone en movimiento, desde los más pequeñajos a los ancianos. El remoloneo en la cama parece estar prohibido. No es de extrañar dada la incomodidad de los catres donde todos el mundo duerme.

Seguía expectante hasta llegar al lugar que me marcaría para siempre.

Muy cerca de allí, a unos seis kilómetros, Maiti Nepal había construido un Hospicio. El primero en Nepal, donde estaban acogidas las niñas infectadas con VIH.
Allí estaban todas.... Todas las que yo conocía. Me recibieron con un gran cariño y me prepararon mi habitación donde habría de pasar los siguientes 2 meses.

Todo estaba en precario: El agua lo sacaban con una bomba manual, la cocina estaba en una habitación, cuando se duchaban lo hacían con un cubo y una jarra...

Me puse manos a la obra, contactamos y contratamos trabajadores de la zona y el milagro empezó a tomar forma : Empezamos a construir una cocina. Compré un gigantesco tanque para poner en el tejado. Compramos un motor de extracción y unos cuantos metros de tubería de PVC. En pocos días tenían grifos y hasta alcachofas para la ducha.

Las noches había que darles color combatiendo el aburrimiento. Les compré una televisión en color y una antena parabólica. Fui el culpable de quitarles horas de sueño, pero cuando yo estaba en la cama, las escuchaba carcajearse mientras veían comedias indias.

LA VIDA DE UN REY


Se escucha esa expresión de “vivir como un Rey”. Difícil de comprender y de entender cuando no se és. He sentido esa sensación.

Tempranito ( 6 am ) , llamaban a la puerta y con una sonrisa tan grande como sus corazones me traían, un té calentito y una tortilla francesa.
Más tarde sobre las 9 de la mañana, cuando el sol empezaba a calentar, era invitado a desayunar : Un inmenso plato de arroz con vegetales, caldo de lentejas y algo de verdura. Si me veían de pie me ofrecían una silla. Si tenía frío me arropaban, y sí tenía dolores intentaban ayudarme y darme masajes. Esa es la vida de un rey.

Para mí son las reinas de la humanidad. Sonríen cuando más dolor tienen y más esperanza tienen, sin tener futuro.

Nunca olvidaré cuando una de las niñas, me pidió una aspirina para calmar su dolor de cabeza. La expliqué donde estaban. Y ella me dijo, que quería que “yo” se la diera en su mano.
No le importaban las propiedades del medicamento. Para ella lo importante es que el remedio se lo diera alguien, con cariño. Un cariño que nadie le ha dado durante muchos años.

Jugaba con ellas. Reía con ellas y me daba cuenta que no estaban tomando ninguna medicación contra su enfermedad. Pero cual podría ser la solución?. Quién puede sufragar los precios de las multinacionales farmacéuticas? Como es posible que esas sociedades pongan precio a la vida de las personas? Hacia donde vamos?.

Pero sigo siendo el Rey.......

Recibí noticias de Apshara, que me dejaron preocupado. Tenía catarro que no se le curaba...

LAS NOCHES DE SATTIGATHA


Durante las horas de sol, el calor llega a ser insoportable, pero al caer la tarde, la temperatura bajaba considerablemente y servía para que los mosquitos se acercaran a cualquier punto de luz, para sentir el calor perdido unos minutos antes.
Las luciérnagas aparecían en masa y “quasi” iluminaban el terreno por donde se movían. Para mí siempre han sido estrellas voladoras.
Las ranas, lo grillos encontraban el momento para cantar. Por cierto hay una fórmula matemática para calcular la temperatura ambiental con el canto de los grillos. No la recuerdo, pero quién los observe y los sienta, se dará cuenta que en las horas de calor el canto no tiene casi respiro, pero en la noche es más pausado.

Nunca olvidaré las risas de las niñas antes de dormirme. Y yo preocupado!.....

UNA HUIDA EN LUNA LLENA


La noche cayó, pero la Luna llena se encargó, una vez más de iluminar los caminos, los ríos, los campos, ......Dormí placidamente, hasta el amanecer.
He dormido profundamente, pero a las 6 de la mañana con los primeros rayos de sol, golpean en la puerta. Es la voz de Smriti, la enfermera, de la que en otro momento, la dedicaré un largo relato.Siento su voz cortada y me dice que se tiene que marchar a Kakarvita, a la oficina de Maiti Nepal. Por qué? En el silencio de la noche y aprovechando la luz de la luna llena 4 niñas, han saltado la valla y se han escapado. No nos olvidemos que es fronterizo con la India.La horas pasan. Nadie sabe lo que ha ocurrido. El resto de las niñas están desorientadas.Falta uno de los guardas que nos vigilaban.El día pasa hasta que poco a poco se van sintiendo noticias. Pero a cuentagotas.Ya se sabe!!! El guarda, padre de una pobrísima familia, las ha debido engañar para llevarlas a la India. No sabemos porqué!!! ¿ Han querido volver al infierno de donde se les rescató?.A primeras horas de la tarde se nos informan que, en una estación de tren ya en la India han detenido a los 5.
Se les ha devuelto a Nepal. Interrogatorios en la destartalada comisaría fronteriza de Kakarvita.... Finalmente las niñas salen, y Ganesh ( el guarda ) es ingresado en prisión.Pasará los siguientes dos años en una inmunda cárcel. Sus hijos, su mujer son nuestros vecinos : Un niño de 3 años, una pequeñaja de 5 y una más mayor pero discapacitada mental así como de movilidad de 7 años. Viven en el campo, en la selva , sin luz sin dinero, sin futuro y con un padre en la cárcel. La miseria ha sido la culpable de esta situación.Cuando me despedí de la señora ( en la foto con el pequeñin ) sus lágrimas pesaban más que sus huesos. Lágrimas de desesperación.
La luna, con toda su majestuosidad ha sido testigo de la huida. Solo ella ha seguido sus pasos y probablemente haya escuchado las conversaciones de la huida a ninguna parte.

SMRITI, UN EJEMPLO PARA SOÑAR

Una de las personas que me siento en la obligación de alabar es Smriti.
Smriti es una enfermera, que cuando la conocí solo tenía 20 años. Desde ese momento presentí la dulzura.
Es una mujer simpática, bella, dispuesta a sobrellevar cualquier dura eventualidad y sobre todo dispuesta a ayudar a los desfavorecidos.
Su familia vive en las montañas del Himalaya, cerca del Valle de Katmandú, y he de creer que en su momento sintió la llamada de alguien para ayudar a estas niñas.
Su deseo y su lucha ha sido dar todo para que estas niñas desahuciadas tengan una vida feliz. Sonríe. No duerme. Ayuda a traer niños al mundo, en un lugar donde la luz eléctrica es una quimera y sobre todo comprende y ama a los más desfavorecidos.
Desde siempre quiso dedicarse a los enfermos/as de SIDA. No le importa nada más.
Su sueño es tener una casita donde acoger a niños/as portadores de esta enfermedad para ayudarlos s vivir.
Sé que con el cariño y los abrazos, muchas fiebres caen y muchos dolores de cabeza remiten. Y Smriti es la persona ideal.
Ha sufrido mucho con las ausencias repentinas de las niñas que han desaparecido para siempre, pero nunca ha caído. De las cenizas ha renacido.
Su abnegación es digna de admirar. Sus disposición no tiene parangón y su sonrisa permanente ha ayudado a muchas personas a tener una vida mejor.

En el 2001 se marchó a Inglaterra, para perfeccionar sus estudios y ampliar sus conocimientos en este campo.
Smriti no ha abandonado su país y ya está de vuelta casa. Ha preferido volver, a quedarse en un país donde se le hubiese solucionado la vida.
Ha vuelto a ser feliz.

LA MALDITA ASPIRINA


Una mañana de octubre cuando Smriti no se encontraba en le centro de salud de Sattigatha, aparece nuestra vecina con su hija imposibilitada en brazos. Me cuenta que se ha caído de una silla y se ha dado un fuerte golpe en la cabeza. Se ve y se siente perfectamente. Tiene un chichón considerable.
Por suerte en este lugar tenemos corriente eléctrica, e incluso un desvencijado frigorífico que ha fabricado hielo en las últimas horas. Se lo pongo en el chichón para bajarle la inflamación y decido darle media aspirina para que se le pase el dolor de cabeza.
Todo va muy bien.
A los pocos minutos, cuando me encontraba tranquilamente barriendo la entrada de la casa, una de las niñas me hace saber que me llaman de la casa vecina y que me lleve el botiquín. En la lejanía escucho griterío.
Cuando llego, me encuentro a Ashmita, la niña discapacitada, echando sangre por la boca. Su madre no se centra, va de un lado para otro. Otros vecinos se han acercado.
Me piden ayuda. La madre me pide que le haga una fotografía. Piensa que esa va a ser la última vez que vea a su hija. Hice la foto, pero nadie la va a ver.
Desesperadamente me piden ayuda. Me marcho inmediatamente al pueblo más cercano ( 6 Kms ). Camino bajo un sol de justicia. En la farmacia que conozco, les cuento el caso. Me dicen que puede ser tuberculosis. No me dan nada si no es bajo prescripción médica. Vuelvo sin solución. Lo único que queda es llevarla al hospital que está en la fronteriza India. ¿Y como?. Un vecino se los lleva en una moto. La pequeña en medio.
Un viaje nada cómodo hasta la llegada al hospital.
El diagnóstico es ridículo. Por el trauma en la cabeza, se ha producido una hemorragia digestiva. ¿Qué tendrá que ver el culo con las témporas?. Y para más INRI estaba escrito en inglés.
Me han temblado las piernas hasta ver a la niña. Me sentía culpable.
Los siguientes días, Ashmita no se encontraba bien. Casi todo lo que comía lo devolvía.
Iba perdiendo peso poco a poco.
Me tuve que volver a Katmandú y me fui preocupado.
Desde Madrid tuve información y me iban informando que iba bien.
Un año más tarde volví, y me la encontré gordita, fresca como una rosa y con una sonrisa deslumbrante.
Las monjas de la Madre Teresa de Calcuta, me habían avisado de no dar aspirina a los nepaleses. Es un veneno para ellos. Se me había olvidado.
Tuve el corazón encogido durante meses.
Hoy en día Ashmita sigue postrada en una silla de ruedas, pero muy contenta, a pesar de las penurias de su familia y de su entorno ( Recordad que su padre fue quien se llevó engañadas a 4 niñas, a la India, y pasó 2 años en la cárcel )

ALGO HA DE OCURRIR...



Cada vez que vuelvo a Nepal, siento en mi cuerpo y en mi alma la tranquilidad del espíritu. Vuelvo a encontrarme con los amigos y las amigas. Siento sus cambios y también siento las ausencias.
Una mañana en Kathmandú, como todas las demás en la que estaba en un taller con las niñas en el que aprenden a coser a máquina, o a hacer pulseras, siento un revuelo ... Todas se acercan a otra chica que trae en brazos a una niña pequeñita y muy delgadita. Me pregunto quién puede ser. No llego a reconocerla hasta me fijo en sus ojos. Unos inconfundibles ojos... Es Apshara. ¿ Que ha ocurrido? ¿Porqué está tan delgada?. Ella me reconoce y estira sus brazos para que la cojas. La abrazo con fuerza y las lágrimas se me saltan.
Está en los huesos. Ha perdido mucho peso. Ya no puede correr y la sonrisa ha dejado de ser la misma. Solo tiene 4 años. Es seropositiva. Me dicen que tienen neumonía. Siento su fiebre. En los siguientes días cuando voy a Maiti, la busco y nos vamos a dar un paseo cortito. Siempre vamos a un pequeño templito y ella con sus mínimos deditos, me pone una "tika" de color rojo en la frente.

Difícil de olvidar esos momentos. Siempre que la dejo se me rompe el corazón. Ha empezado a estar débil. No es la misma niña. No tiene fuerza cuando se me agarra a la pierna. Tengo que marcharme a Sattigatta a ocuparme de las que allí dejé el año anterior, y siento mucho dejar a Apshara. Cuando mejore la mandarán a Sattigahta.

Los días pasan, hasta que finalmente se produce el feliz acontecimiento. Apashara está de vuelta. Fue un momento muy triste, pues el resto de las niñas se pusieron a llorar cuando la vieron.
Al día siguiente me la llevé al médico, pero no había nada que hacer. Nos atendió en su mesa, pero rodeados de todos los demás pacientes que "pacientemente" esperaban un diagnóstico. La respuesta no tenía sentido. No había solución. Si las enfermedades se solucionan solas, mejor que mejor... el sistema sanitario en el tercer mundo no puede hacer nada.
Antes de marcharme de Sattiggatha dejé unos 100€, para que se gastaran en lo que ella necesitara.
Se acercaba el momento de la despedida. No quería marcharme, quería quedarme con ellas.

La despedida fue traumática. Una fila de niñas, me iba despidiendo de ellas. No pude encontrarme con sus ojos hasta que llegó Apshara. Lloraba con dolor. Con los brazos extendidos me decía : Bua.. bua.., que quiere decir papá. Se quería venir conmigo. Yo, no podía articular palabra.Yo lo negaba con un movimiento de cabeza.
Caminé más de una hora hasta la estación de autobuses. No sabía si la iba a volver a ver más. Pero cual fue mi sorpresa que veo aparecer a Smriti y a Apshara nuevamente. Vienen a despedirse de mí.

La noche iba a ser larga. Catorce horas de autobús. Frío en la oscuridad. Muchas veces me venía a la cabeza las manitas de Apshara, diciéndome adiós. Nunca me pude imaginar que esa iba a ser la última vez que la veía.

Una fría tarde de Enero, ya en Madrid, recibo la noticia que Apshara había fallecido.

Escribí un correo a Nepal, dedicado a ella. Pedí que incineraran ese mensaje y las cenizas fueran arrojadas al río ragrado de Nepal. Desde ese momento Apshara empezó a formar parte de mi vida interior.

EL TIEMPO PASÓ



El tiempo pasó… las heridas se curaron, pero el recuerdo se mantiene.
Una vez más regresé a Nepal y muchas cosas ocurrieron. Nepal no vivía los mejores momentos.
Recuerdo la mañana del 20 de Octubre del 2002 en Backtaphur, una bellísima ciudad medieval, Patrimonio de la Humanidad.
El día es claro y se pueden contemplar los Himalayas desde la terraza superior del Golden Gate House ( un hotel familiar ) Hace calor, pero una ligera brisa y unas nubes pasajeras convierten el ambiente en una placentera atmósfera.
Estoy empezando a adaptarme después de un largo viaje.
El reencuentro con el país de mis sueños ha sido de tristeza por culpa del terrorismo. El turismo ha caído a unos niveles insospechados. Toda persona, todo negocio dependiente del turismo se han visto abocados a la ruina. Han cerrado pequeños hoteles familiares. Los grandes han tirado los precios. Precios que se cobraban en los años 60. Lo peor de todo es que la situación no tiene visos de solución.
Todas las gentes que han dependido del turismo están comenzando a desesperarse. Aún así mantienen la sonrisa. Pero es una sonrisa triste ¡que paradoja!. Su pregunta es : ¿Qué podemos hacer?
Lo presiento dentro de mí. Ya no dan la alegría que siempre demostraban.
Pasear por los lugares emblemáticos de las ciudades importantes hace sentir tristeza. Ha terminado el bullicio, se han terminado los buscavidas en las calles. Como la van a encontrar si ya no existe?. Los restaurantes están vacíos en espera de que alguien decida entrar y degustar las exquisiteces que siempre han sabido ofrecer.
En cualquier caso la desolación no ha entrado en sus casas. Su cultura, su forma de ver la vida, su paciencia, su idiosincrasia como pueblo que espera una solución, hacen que sobrevivan de la mejor forma.
Katmandú ofrece una imagen inusual. Una vez que se pone el sol comienza a escucharse el sonido metálico de los cierres de las tiendas. Los primeros son los que viven lejos. Los últimos los que viven en la misma tienda, de forma que sobre las 9 de la noche, la actividad desaparece hasta el amanecer del día siguiente.
Echo de menos la polución. Han desparecido los coches¡¡¡ Echo de menos a los vendedores de Bálsamo de Tigre. No se escucha más la cantinela de “change money”.
Siempre queda la esperanza que la situación previa vuelva a su cauce y al menos puedan vivir algo mejor.
El tiempo pasará y alguna luz se verá.
Dos días más tardes sería el día de mi cumpleaños.
La cena de cumpleaños la celebré con Smriti, que me estuvo contando todos sus problemas existenciales, de lucha contra una sociedad que no es de su agrado, especialmente su padre, que a pesar de ser joven y profesor de Universidad está anclado en las viejas costumbres de una ancestral cultura, como la nepalí
Una interesante conversación, en un día especial como mi cumpleaños, a la vez que pasaba mi última noche antes de salir hacia Kakarvitta.

YA EN KAKARVITA....



Después de un corto viaje de avión. Llego al mini-aeropuerto de Bratrapur.
Mucho calor y bastante humedad me dieron la bienvenida. Estaba deseando que llegara el momento del reencuentro con todas las niñas del hospicio.
El momento llegó. Ninguna se enteró que llegaba un coche, con lo cual aproveché para entrar de incógnito. Fue muy emocionante ver sus caras nuevamente después de tanto tiempo. Con la mayoría me había encontrado, en Enero de ese año en Katmandú, con motivo de la inauguración del nuevo centro. Volver a verlas en su hábitat de siempre me resultó más placentero. No se quien se sentía más feliz, si ellas o yo.
Me paseé por todo el hospicio, para sentir los cambios producidos. Dos nuevas habitaciones en el piso superior, palmeras que han crecido más de un metro, una nueva bomba de agua junto al lago para regar la huerta, un espacio con techo de paja, junto al centro de salud, para descansar y protegerse del sol.
Dos enfermeras han tomado el puesto de Smriti. Ya no está Gina, ni Pompa, ni Tulsa, ni Akhas. Hay otros niños. La ausencia de esas personas hace que el ambiente sea diferente. Es casi como volver a empezar.
La noche ha sido especial. He dormido en una gigantesca habitación, que esta prevista como de aislamiento cuando alguna de las niñas caiga enferma.
Como siempre, no eran las 9 de la noche cuando ya estaba en la cama. Uno se acostumbra rápidamente cuando las circunstancias lo requieren. Anochece pronto y la tranquilidad de la noche invita a dormir, pero alguna que otra chinche me ha de importunar con sus picotazos.
Sobre media noche ha comenzado a llover copiosamente. Durante más de cinco horas no se ha escuchado otro rumor que no fuera el de la lluvia. Intensos chorros de agua se formaban en los rebosaderos del tejado.
Con los primeros rayos de sol ha cesado la lluvia y ha comenzado el rumor de la selva.: pájaros, cuervos, chicharras y cantos de animales para mí irreconocibles.
El mugir de las vacas, el balar de alguna cabra, el ladrido de los perros y el canto del gallo ampliaban los sonidos de la orquesta de la naturaleza.
A las 7 de la mañana, ya estaba en pie. Mi primer amanecer con ellas. Un alegre buenos días me ha despertado y un té calentito me han ayudado para afrontar una lluviosa mañana. Un tiempo poco habitual en esta época del año.
En toda mi estancia, nunca más volvió a llover.
Ha sido un día caluroso después de otro lluvioso y desapacible.
He comenzado con un té y una tortilla, que estoy seguro ve van a seguir preparando en los ximos días. No hago más que poner el pie fuera de la habitación y toda la maquinaria se pone en marcha. Se corre la voz, llega la cocina y en menos de 4 minutos ya estoy desayunando. Habrá veces que la tortilla ya estará hecha y en menos de 4 minutos ya está en mis manos.
Después vendrá el ritual del aseo matinal. Un grifo en la pared, un muro de frente para proteger la intimidad. Algún que otro pequeñajo ronda a mi alrededor observando lo que hago. Les hace gracia que me llene la cara de espuma.
He aprendido a darle tiempo al lavado de dientes. Ellas pasan minutos y minutos dándole al cepillo.
Sobre las 9.30 de la mañana llega una de las comidas fuertes del día. Un gigantesco plato de arroz, que tiene diferentes compartimentos, para otros tantos componentes del plato nacional: arroz, caldo con pequeñas lentejas, patatas, algún vegetal y algo de picante.
Como con ellas en la cocina. Ellas se sientan en el suelo y a mí me otorgan el honor, como a los niños de sentarme en una banquetita que no levanta diez centímetros del suelo.
Las comidas son siempre rápidas. No se habla mientras de come. No se llega a los diez minutos. Después con una bomba manual se saca el agua y con un poco de jabón se lavan los platos. Al menos son metálicos y ninguna bacteria es capaz de sobrevivir en materiales de esas características.
No se si el agua que estoy bebiendo está filtrada o no. Por el momento no he tenido ningún problema intestinal.
La tarde la hemos empleado en ir de compras. Unas compras de las más especiales, después de la televisión de hace 4 años. Me han dicho que como primera necesidad y antes que cualquier otra cosa, querían un video. Ya es difícil encontrar el típico y hemos comprado un DVD, que a su vez se permite escuchar CDs musicales. También hemos comprado unas cuantas películas , además de relojes, champús, cremas para la piel, dulces y juguetes para los más pequeñajos.
Llevar un DVD al hospicio ha supuesto la revolución. Que alegría tan grande!!! Al intentar ponerlo en marcha, la luz se fue. Tuvimos que esperar una hora hasta que la luz volvió.
Entre tanto cenamos.
El griterío fue general cuando la luz regresó. En pocos segundos todas estaban sentadas esperando a que la sesión cinematográfica comenzara. También comenzó la tranquilidad. Ojos como platos. Risas cundo correspondían y admiración o caras de terror en los momentos de tensión.
Evidentemente yo no entendía nada. Me invitaron a sentarme. Estuve poco tiempo con ellas ya que al poco tiempo tenía la necesidad de irme a descansar..
Se que ha sido un día muy especial para todas ellas.
Cuando me marché ya habían visto más de 30 películas. Algunas hasta 3 veces.

MÉDICOS INÚTILES

Antes de que cantara el gallo, ya estaba con los ojos de par en par, no en vano la noche anterior me había ido a la cama bastante pronto, pues sabía que tendría que madrugar. Tenía algo que hacer.
Con las primeras luces de la mañana, me aseo y esperamos a que llegue el coche que nos ha de recoger : Pramila, Komala y yo.
Hay que llevar al médico a Komala. Desde hace años tiene un bulto en el lado derecho del cuello, que ha crecido tanto como el tamaño de una pelota de tenis.
Desde que he llegado he notado que padece dolores en prácticamente todo el cuerpo. Más de una noche la he visto llorar, y he tomado la decisión de llevarla al médico.
El coche viene finalmente. Se nota bastante fresco a medida que va tomando velocidad. Son las 6,45 hrs de la mañana y el sol no ha empezado a calentar. Komala va comiéndose una manzana y un plátano. Se ha levantado con apetito.
La consulta del médico está a unos 30 Kms de Kkarvita. Llegamos al lugar donde pasa consulta. Esta cerrado. Nos informan donde está su casa y vamos en su busca. El conductor del coche se encarga de llamarle. Vive en una casa desvencijada y con humedad en los muros. Hace años que no le han dado una mano de pintura.
Un hombre joven acude a la llamada del conductor. Es el médico. Nos pregunta cual es el problema y nos insta a que volvamos a la consulta. El llegará en unos minutos.
La clínica es cualquier cosa, menos un centro de salud. Mal cuidada, polvorienta y con poquísimos medios sanitarios. La mesa está llena de viejos papeles. En otra mesa bajita, hay restos de algodón, tijeras y útiles médicos absorbiendo todas las bacterias habidas y por haber. Una cortina de plástico traslúcida sirve para dividir a a los pacientes, de la habitación donde el médico pasa consulta. Intimidad inexistente.
Le toma la tensión y la fiebre. Le toca el gigantesco bulto. Su diagnóstico es incierto, puede ser una inflamación linfática causada por la tuberculosis o un linfoma maligno. Decide que definitivamente no debe ser operada. Habrá que esperar el resultado de los análisis. Uno de sangre y otro con la extracción del líquido dentro del bulto.
El primero es para determinar si es seropositiva y el segundo para concretar la dolencia. Este último ha de realizarse en India.
Para la sangre tenemos que ir a un puesto de la Cruz Roja. Allí nos dirigimos… Nuevamente la suciedad forma parte de la decoración. Un hombre de un cierto peso y volumen nos recibe en pantalones cortos y chancletas. El será el encargado de extraer la sangre, pero no hay jeringuillas, hay que comprarlas en un farmacia cercana.
La sala de extracción es lo más antihigiénico que uno se pueda imaginar. Cualquier cuarto de baño en Occidente sería un buen quirófano. Polvo por doquier. Papeles por encima de los muebles que ya formarán parte de la prehistoria del centro.Una señora que pasa una escoba y levanta un polvo irrespirable, que se posará sobre cualquiera de los útiles sanitarios que sin ningún orden están sobre la mesa.
Un niño pequeño, hijo del enfermero? Corretea por el seudo laboratorio, como si fuera el recreo del colegio.
No hay que esperar mucho para el resultado. En menos de media hora nos dicen que Komala no es positiva.
Era más importante para el médico, saber si era seropositiva que informarse de todos los parámetros que un análisis de sangre puede dar. En fin!! Estos son los inconvenientes de la ignorancia.
El segundo análisis hay que hacerlo en India. No tengo visado de entrada y no puedo acompañarlas. Debo esperar.
Cinco días más tarde el resultado dice que Komala padece Tuberculosis.
Han de pasar seis meses tomando fortísimos medicamentos.

LA QUEMADURA

Eran las seis de la mañana y no se sentía el trajín habitual de los días precedentes: el sonido de la escoba barriendo, el ruidoso funcionamiento de la cocina de keroseno o el llanto de algún niño, brillaban por su ausencia.
El sol estaba escondido entre unas grises nubes que amenazaban lluvia. Al no verse el sol, ni los pájaros cantaban.
Iba a ser un día gris. Al no hacer calor, las chicas aprovecharon a trabajar en el campo, acumulando todos los hazes de arroz, segados en días anteriores y que el sol se ido encargando de secar.
Desde el Centro de Salud las veía trabajar mientras me encargaba de realizar gráficos personales del peso de cada una de las chicas, con la evolución en los últimos meses. Pushpa pesa 13 kilos menos que hace 10 meses. Un par de ellas mantienen el peso, con unos altibajos que no son dignos de tener en cuenta. Es preocupante y así se lo haré saber a los responsables. Es cierto que trabajan mucho, con lo que necesitan una mejor alimentación.
La elaboración del gráfico es interrumpido por diferentes pacientes que llegaban con algún problema.
Uno de los pacientes es un pequeño bebé de no más de 5 meses. Ojos azabache, mofletudo y con poco pelo. Muy moreno, al igual que su madre, delgadita, muy joven y con una permanente sonrisa.
El niño se había quemado la parte superior del pie. Una quemadura que llegaba desde sus diminutos dedos hasta la base de la rodilla. El pie estaba sucio. El aspecto de la quemadura era muy desagradable. Lo peor de todo es que no era reciente. Probablemente hubiesen pasado más de dos días desde que se le cayó una sartén con aceite hirviendo.
Como la enfermera estaba ocupada, me encargué de curarle. La madre sujetaba el minúsculo piececillo. Le hice una limpieza con desinfectante y le aplique una crema cicatrizante y antibiótica. El niño lloraba. No se podía defender del dolor. L madre se sacó el pecho para intentar calmarle. Solo cuando terminé el vendaje, los llantos cesaron. Le dije que volviera al día siguiente para otra cura. El padre tenía problemas en la piel. Tenía ronchones que le producían dolor. Le apliqué una crema antialérgica y le dí unas pastillas de las mismas características que la crema.
Los tres se marcharon en una vieja bicicleta. Volverían a su casa, que sería similar a todas las que hay en los alrededores: Sobre el suelo de tierra una pequeña casa construida con bambú, tejado de paja, una diminuta cocina de keroseno, un camastro de madera, que durante el día sirve de asiento. Quizás en el exterior tengan algunas flores adornando la entra de la casa.
Si tienen dinero probablemente tengan cabras, alguna vaca o incluso búfalos..
El día continúa pasando sin sobresaltos. Siempre gris y ventoso.
El atardecer no puede ser espectacular como en otras ocasiones. En el horizonte donde se pone el sol, las nubes no son tan grises. Durante unos minutos y antes de que el sol se pusiera definitivamente, la luz es de un anaranjado oscuro, que con el sonido del viento atravesando las hojas y ramas de los árboles, parecía que de un momento a otro se iba a levantar un huracán.
En este ambiente tan alucinante, un gallo decide emprender carrera hacia la plantación de té. Los tres guardas salieron en su busca. A lo lejos se veían sus negras siluetas y los gritos llamando al gallo.
La noche cayó y volvieron sin gallo. A la mañana siguiente el gallo volvía a estar con nosotros. Nadie supo el motivo de la escapada.
La cena se adelantó una media hora con relación a otros días. Cenamos rápido. Las que tenían que limpiar la cocina allí se quedaron, el resto se marchó a la habitación de la televisión..
Me quedé en la calle con dos niñas charlando y riéndonos mientras recodábamos momentos pasados.
Comencé a sentir frío y no había mejor sitio que la cama. Un pesado edredón me reconfortó en pocos minutos. Empecé a leer un libro”El pecado del mundo”, un título muy apropiado para la situación de este país, así como de otros del resto del globo.
El viento seguía soplando. Las niñas reían a mandíbula batiente con alguna escena de la película. Con estos sonidos me quedé dormido. Pasaron diez horas de sueño profundo hasta que volvió a amanecer.
El niño de la quemadura nunca más volvió.
El gallo volvió a escaparse, y como castigo, al atardecer del día siguiente se le cortó el cuello y terminó en la cazuela.
Ya no amanecieron días grises.

UNA TARDE MÁS Y UNA DESPEDIDA




El intenso calor de las horas centrales del día, hace que la actividad disminuya en el Hospicio. Las chicas se dedican a labores en el interior de la casa. Algunas hacen su aseo personal, otras trabajan en un pequeño taller donde aprenden corte y confección o elaboran collares y pulseras.
Cuando el sol deja de calentar nuevamente vuelven al campo a segur segando el arroz o a regar la huerta o las plantas. Mientras, dos o tres de ellas comienzan a preparar la cena.
Les queda tiempo para jugar al badgminton. Se divierten lo indecible a pesar de que minutos antes estaban acarreando hazes o sacos de arroz.
Es la hora para que las cabras vuelvan al establo, al igual que las dos vacas preñadas, que si la cosa no va mal, en Enero darán a luz. Deben dormir bajo techo.
En esta época del año ( Octubre-Noviembre ), cuando el sol desaparece definitivamente, comienza a sentirse fresco, casi frío. Siempre nos dirigimos al interior a sentarnos en las escaleras, que desprenden calor, no en vano el sol se ha encargado de calentar durante todo el día.
Son momentos de recogimiento. Nos pegamos los cuerpos para sentir más calor. Nos divertimos. Intentan enseñarme nepalí o simplemente jugamos a hacer gracias. La más absoluta tontería les hace una gracia inimaginable. Los más pequeños continúan correteando y derrochando energía que parece interminable. Solo un par de horas más tarde, comenzarán a sentir la derrota y la cama les servirá de descanso, para que al día siguiente continúen jugando sin parar. Ni que decir tiene son bastante revoltosos y no pasa un día sin que se lleven algún castigo o mamporro por parte de las mayores.
La cena es rápida. Cuando todos y todas hemos terminado, comienza a sentirse el rumor de platos, vasos y cubiertos cuando son lavados. En menos de una hora la cocina queda reluciente: vasos alineados y platos perfectamente colocados. Todo se queda dispuesto para el día siguiente.
El ruido cesa. La cocina se cierra y todas terminarán en la sala de la televisión. Se sientan en la moqueta y dejan pasar los acontecimientos de la película, a reírse o sentir miedo o tensión o sentir envidia de los actores y actrices principales.
Siempre las he acompañado durante algunos minutos. No entiendo nada, paro me divierte verlas entretenidas.
Siempre soy el primero en irme a dormir. Nunca he conseguido saber a la hora que termina la película. Solo cuando a mitad de la noche me despertaba, sentía la tranquilidad del descanso de todas ellas.

...Y LLEGA EL MOMENTO DE MARCHARSE

El tiempo ha pasado inexorablemente y lo que comenzó hace un mes, ha tenido que terminar sin remisión..
La mañana la pasé despidiéndome de los y amigos y amigas del cercano pueblo de Sattigatha, donde tantas amistades me han nacido.
La noche va acercándose. Todo será la última vez: La última cena, el último té, el último “hasta mañana”, la última vez que duerma en Sattigatha. Me esfuerzo para no pensar en ello.
Se que la noche pasará velozmente y que amanecerá muy pronto. Duermo tranquilamente después de dar por finalizado uno de los libros que me he leído en estos días.
Amanece. Escucho el rumor de la cocina, el sonido de la escoba cuando barren, el sonido del agua que llena un cubo. Los sonidos que me han acompañado durante toda mi estancia.
Último afeitado, último té de la mañana y última tortilla.
Vuelvo a mi habitación y termino de empaquetar. Me cambio. Me pongo ropa limpia. Nunca antes había estado tan limpio. Dos de las niñas Kumasi y Komala llaman a la puerta. Vienen a entregarme un sobre. No quiero encontrarme con sus ojos, pero siento su tristeza. Sigo haciéndome el fuerte.
En el exterior hay actividad. Tita y Apshara están limpiando pescado, comienzan a llegar los trabajadores que están limpiando el estanque y también los que están construyendo los bancos alrededor del mismo. La bomba que vacía el estanque está en funcionamiento.
Chonu, desde el interior de la casa, me ofrece una taza de té, pero solo para hacerme pasar dentro. Me empiezan a entregar regalos. Siento las lágrimas que me van a hacer estallar. No las puedo controlar. Me piden que por favor no llore. Ellas también llorarán si me ven triste.
El tiempo sigue pasando y en unos minutos vendrán a buscarme. Como algo de arroz y pescado que seguramente han escogido para mí.
Mientras como veo a la pequeña Asha con un ramillete de flores seguida de los otros tres niños.
Salgo de la cocina, y es aquí donde veo que todas me están esperando. Sentaditas al sol y con un ramillete de flores cada una.
Una a una me las van entregando. Caras tristes. Pocas palabras. Estallo en lágrimas. Estallan en lágrimas. Sentimientos de tristeza compartidos.
Son momentos inolvidables los que con ellas he pasado: diversión, enfado, cariño, dolor… Todo ha terminado.
Antes de subirme al coche que me llevará al aeropuerto, nos despedimos finalmente agitando las manos. Ninguna palabra. Los niños muy callados. Ellas, con sus ojos llenos de lágrimas.
No siento el cuerpo, no siento el sol, no siento el calor, ni el canto de los grillos y chicharras. Ni el sonido del motor que vacía el estanque…
De vuelta en Kathmandú y nada más aterrizar comencé a sentir el frío que ya había olvidado. Un viaje corto en un pequeño avión donde tuve la oportunidad de contemplar los Himalayas, y entre ellos el majestuoso Everest.

UNA MALA NOTICIA

En mi primera visita a Maiti, después de volver a Kathmandú, me dan una mala noticia. Un amigo que regentaba un hotel ha fallecido.
Félix, un suizo de 41 años, que ha dedicado su vida a los demás encontró la muerte mientras dormía.
Su vida ha estado dirigida a ayudar a los más necesitados. En su hotel tenía 11 chicas trabajando, que habían sido rescatadas de la prostitución y a pesar de que no había turismo, las seguía pagando. Gereon, un amigo compartido me ha contado que su habitación era la de un asceta. La cama y poco más. Podría haberse hecho millonario con el turismo, pero sus beneficios han sido para los demás.
Había comenzado un proyecto de ayuda a las niñas enfermas de SIDA, para darles su medicación correspondiente. Hoy en día este proyecto se llama INICIATIVE HOPE..
Decido acercarme al hotel para ver a Gereon. Nos fundimos en un fuerte y largo abrazo. Muy largo. No ha habido palabras.
En una de las mesas del restaurante han preparado un pequeño altar con una fotografía de Félix, un paquete de tabaco, una cerveza, trozos de fruta y una vela.
Me he sentado con Gereon charlando sobre los últimos momentos que pasó con él.
Por primera vez en 5 años, la noche anterior Félix salió con Gereon a Thamel. Nunca antes había tenido una noche libre. También por primera vez Félix abrió su corazón y su mente. Habló de su madre, que desde su fallecimiento no había dicho palabra.
Parecía una premonición. Antes de morir tenía que contar todo lo que pasaba por su mente.
Cuando todos los trámites legales terminen, Félix será incinerado en Nepal, por el rito budista. Su hermano estaba avisado que en caso de fallecimiento, su cuerpo debería ser incinerado en Nepal y sus cenizas esparcidas.
Su deseo se cumplió. La incineración llegó. Las chicas que con él trabajaron, estaban llenas de dolor. No podían entender las injusticias de la vida.
Gereon encendió la pira funeraria.

ULTIMAS ACCIONES


Me he enterado por las noticias que en los próximos días, los maoístas han convocado una huelga general en la enseñanza. Una huelga indefinida hasta que consigan sus propósitos, de cambiar el sistema educativo. Es decir, los niños no van a tener nada que hacer, por mucho tiempo.
Saldré con 20 de ellos al Parque de Atracciones de Katmandú .
Se lo pasaron extraordinariamente. Disfrutaron hasta casi desfallecer.
Por la tarde he decidido ir al hotel de Felix, para encontrar un poco de tranquilidad. Escribir. Pensar y cenar con Gereon.
Vamos a comenzar el proyecto que Félix ha ideado. Conseguir la medicación apropiada para todas las chicas seropisitivas..
El ha empleado mucho tiempo, esfuerzo y dinero para que una de sus trabajadoras, Shanti, consiguiera su medicación. En la actualidad ella se encuentra perfectamente al igual que su hija.
Shanti es un ejemplo de fuerza y pundonor.
En el funeral se mantuvo fuerte y fue capaz de consolar al resto de sus compañeras. Ella era quien más motivos tenía para derrumbarse.

Estoy solo en el Hotel de Felix. Una de las chicas ha venido a encender una estufa de gas butano, para que no pase frío.
La noche ha comenzado y la frialdad se deja sentir.
Los cristales de empañan.
Regresa de nuevo.
Se agacha para calentarse. Tiene frío.
Se está tomando un vaso de agua caliente.
Se escuchan sus sorbos.
Me mira y me sonríe.
Es Shanti.

Dejé Nepal a los pocos días, y no me podía imaginar, que algo me impediría volver en los siguientes 3 años.

jueves, 17 de enero de 2008

UN MOTIVO ESPECIAL PARA NO VIAJAR

Lo tenia todo a punto, pero presentía que algo iba a ocurrir, y que no podría volver a Nepal, durante un tiempo.
Mi madre no estaba bien y si me marchaba, me iba a sentir mal dejándola sola en casa, a pesar de que mis sobrinas estaban dispuesta a venir a casa y cuidar de ella.
Los acontecimientos se aceleraban. Hubo que ingresarla ya que una anemia la estaba debilitando a pasos agigantados. Al poco tiempo la diagnosticaron un cáncer de estómago, a la vez que el Alzheimer , la enfermedad del olvido, se iba apoderando de ella.
Lo cancelé todo. Había que quedarse en casa y cuidad de ella. Entre todos la arropamos, la quisimos y la hicimos vivir felizmente los últimos años de su vida.
Fueron tres años intensos. Echaba de menos Nepal, pero era mayor la fuerza que me mantenía en Madrid.
Una fría y soleada mañana de invierno, el 29 de Enero de 2005, mamá cerró sus ojos para siempre, rodeada de sus seres más queridos.




El cáncer y el Alzheimer se encargaron de tarsnsformarla.
Solo tres años de diferencia entre ambas fotografías

El tiempo pasaba inexorablemente y se me ofreció la oportunidad de regresar a Nepal.
En Octubre de 2005, regresé a mi segunda casa. Fue muy emocionante el reencuentro con las niñas. Muy emocionante !!!. La iba viendo a cuentagotas. Nos abrazamos con fuerza a pesar de que la demostración de sentimientos no sea su fuerte. Se nos saltaban las lágrimas de alegría.
Parecía como si el tiempo no hubiera pasado, todo seguía igual. Solo los más pequeñines habían crecido, y Asha, aquella pequeñaja que una vez se despidió de mí dándome un ramo de flores, y que me rehuía, la y la sentí mayor, y sobre todo me abrazó y me cogió de la mano. Algo impensable en tres años. Desde ese momento cada que que la veo en la distancia echa a correr para abrazarme.
Muchas cosas había ocurrido durante mi ausencia. Muchas de ellas muy tristes, ya que algunas de mis amigas habían dejado este mundo para siempre. El SIDA fue su pasaporte a la eternidad.. Me contaron sus agonías. Me contaron sus últimos días y sentí muchísimo de no haber estado con ellas. Había bailado con ellas. Me había reído con ellas y no pude acompañarlas cuando más lo necesitaron. Lo que sí se es que mantuvieron la sonrisa hasta el último momento. Me enseñaron una fotografía de Kabita. Una foto de un cuerpo completamente destrozado. Un cáncer de útero la descarnó interiormente. Parece ser que tenía tantos dolores que se arrancaba la carne a trozos.
Ver esa fotografía me produjo mucho dolor. Esa imagen se me ha quedado grabada en el fondo de mi retina.
Había que seguir viviendo.
Fue una vuelta para reencontrarme con el pasado. Seguí trabajando como siempre. Había nuevas niñas para ser atendidas. Nuevo personal que de ellas cuidaban, como Lilla, una guapa y dulce enfermera que lo daba todo por las niñas. Siempre con una eterna sonrisa y dispuesta a ayudar.
Sattigahta había empezado a cambiar de "habitantes". Más de la mitad de la chicas tenían problemas mentales. Otra lacra más en un país miserable. El tiempo que con ellas pasé, fue muy interesante.
Lo que sentí diferente, fue el silencio, comparado con el bullicio que las otras provocaban. Son chicas que se les pierde la mirada y que no reaccionan ante ante los estímulos externos. So muy simpáticas y cariñosas. La sonrisa es su arma de defensa.


Kavita mantuvo la sonrisa hasta el último momento a pesar del dolor que atravesaba sus huesos